pero como si nada
claro que voy a despedirte
Cuando sientas tu herida sangrar, cuando sientas tu voz sollozar cuenta conmigo. (Carlos Puebla)
¿Cómo saber si no es más que una fantasía o un sueño absurdo? No hay ensayos generales en la vida y aún menos en el amor. (Tonya Hurley) Amy no era la excepción, se había estrellado tantas veces que francamente tenía miedo de subir a esta montaña rusa. Algunas veces le había resultado maravilloso al principio, hasta que parecía que la montaña se caería en pedazos y entonces dejaba de serlo. Otras veces fue una experiencia traumática de principio a fin. Dos cosas eran seguras, siempre era un riesgo y nunca sabía qué le esperaría. Pero el verdadero problema era cuando el juego terminaba, a Amy no le gustaban las alturas, y tras un tiempo entre las subidas y bajadas de ese juego, contrario a sus expectativas, la última parada era cada vez más acerba. El resultado final era un corazón hecho pedazos, una amistad terminada, miles de sueños rotos reclamando hacerse realidad sin comprender que se acabo y lo peor de todo: no había vuelta atrás.
Bien, fue ese el análisis que Amy hizo sobre la montaña rusa del amor y entonces tomó una firme decisión: no subirse más a esta. Así fue como hizo, cerró las puertas de su corazón buscando paz, buscando escapar de los albores innegables del amor…y se sintió aliviada, ahora estaba a salvo.
Por mucho tiempo permaneció tranquila, ahora tenía los pies sobre suelo firme en todo momento, no corría peligro, estaba segura dentro de su coraza y no había razón capaz de levantarse de su asiento para abrirle la puerta al miedo y mucho menos al amor. Por fin todo estaba bien, hasta que empezó a asecharla una inesperada visitante: la soledad. Esta llegó sin previo aviso y desempacó sus cosas en el closet de su alma. Una vez ahí rehusó retirarse a tientas de saber que no era bienvenida. Amy estaba sola, y eso la mataba pero a la vez esa soledad le estaba regalando momentos llenos de tranquilidad, al menos estaba a salvo, estaba segura, nadie la lastimaría ni jugaría con sus sentimientos, así invito a su nueva amiga a quedarse en su alma de manera definitiva. Se sintió a gusto, se sintió segura y eso era todo lo que necesitaba, o al menos eso creía.
Pasaron los días y el tiempo hizo lo suyo. Tiempo, soberano embaucador omnipotente, no hay manera de vencerlo y el peso de su espada cae de manera inevitable sobre nosotros, pobres ciervos indefensos. Con el accionar del tiempo Amy empezó a tener disputas con la soledad, ahora su fiel compañera le había dado la espalda y empezaba a resultar insoportable, pero esta cínica inquilina no tenía planes de marcharse, Amy estaba condenada. Entonces empezó a buscar a aquel chico e que la liberase. Sin embargo, pasaban los días y parecía que aquel príncipe azul del cuento de hadas se había perdido en algún lugar del camino, ella sólo necesitaba alguien a quien amar, alguien que sea capaz de ver más allá de su coraza, pero ese alguien no aparecía.
Impaciente como siempre, ella salió en su búsqueda, recorrió cada rincón de aquel extraño reino, en un burdo intento fallido de encontrar lo que su corazón le reclamaba con premura, no hubo resultados, su penosa búsqueda no estaba dando resultado o eso quería creer.
Hasta que la innegable verdad arrancó de un tirón la venda de sus ojos, toda su búsqueda fue un teatro montado por su antipática imaginación para proteger a su corazón, en realidad ella no había estado buscando nada, ni a nadie, al contrario se estaba escondiendo, inconscientemente se había escondido para que no la lastimaran.
Vaya tragedia, le había puesto tantas cadenas a su corazón para que no se le ocurriera volver a abrirse ante la primera señal de amor que se le presentara, que este había terminado por morir asfixiado ante la opresión que padecía.
Esta absurda cenicienta estaba imposibilitada para amar. No hay castillo encantado en este reino, tampoco existe un hada madrina que aleje todo ese dolor con su varita mágica y mucho menos existe príncipe capaz de sacar su espada y desterrar a la soledad que aún habita ese pedacito de alma indefensa, después de todo la protagonista de este cuento absurdo tampoco es una princesa.
“La vida de un hombre no es sólo fachada, es más, es todo lo que hay por debajo, lo que no puedes ver”. (City Hall)
Tratando de apaciguar una batalla librada en mi cabeza por estos días, empecé a redactar este blog a manera de una lluvia de ideas que van goteando a medida que un suceso importante enmarca mis días. Para quienes lean este blog les adelanto que no esperen una redacción bien elaborada pues como dice aquella frase que siempre usa una de mis mejores amigas: simplemente soy yo y mis circunstancias, y escribo por el simple hecho de compartir ideas, sentimientos, y demás. En algún momento pude identificarme con alguien que escribió las crónicas de un corazón roto (un blog el cual no pueden dejar de leer si, como yo, han amado hasta que dolió), y así fue como decidí escribir estas líneas. Y...¿Quién soy? Eso no importa, más espero que si importe lo que tengo que decir... A veces nos concentramos tanto en el final feliz que no aprendemos a interpretar señales a diferenciar entre los que nos quieren y los que no, entre lo que se van a quedar y los que se van a ir, y quizás en algunos casos el final feliz no incluye un tipo maravilloso quizás el final feliz eres tú, sola, recogiendo los pedazos y volviendo a empezar, liberándote para encontrar algo mejor en el futuro quizás el final feliz solo consiste en seguir o quizás este es el final feliz, saber que a pesar de todas las llamadas y corazones rotos, a pesar de todos los errores y las señales malinterpretadas, a pesar de todo el dolor y la vergüenza tu nunca, nunca, perdiste la esperanza.